El secretario de Desarrollo Sustentable trasladó toda la responsabilidad al Ayuntamiento capitalino, mientras uno de los últimos pulmones de la ciudad permanece bajo la amenaza de un megaproyecto inmobiliario
Por Roberto Giuliani
Mientras organizaciones ambientalistas, especialistas y habitantes de Cuernavaca advierten sobre la posible devastación de uno de los últimos pulmones naturales de la capital morelense, el secretario de Desarrollo Sustentable del Gobierno del Estado, Alan Dupré Ramírez, optó por deslindarse y colocar toda la responsabilidad en manos del Ayuntamiento.
Como un nuevo Pilatos, el funcionario estatal aseguró que no corresponde al Gobierno de Morelos detener o autorizar directamente el proyecto inmobiliario denominado Alto Verde, que se pretende construir en un predio ubicado en la colonia Flores Magón, detrás de las instalaciones de la Fiscalía General de la República y cerca de la tienda Sodimac.
“No está en manos del Gobierno del Estado”, declaró Dupré Ramírez, al señalar que será el Ayuntamiento de Cuernavaca el que tendrá que decidir si entrega las licencias y autorizaciones necesarias para permitir el avance del megaproyecto.
La postura del funcionario ha encendido aún más las alarmas, pues el propio secretario reconoció que el Programa de Ordenamiento Ecológico Local establece que en la Unidad de Gestión Ambiental donde se ubica el predio está prohibido el asentamiento urbano.
A pesar de esta restricción ambiental, el Ayuntamiento de Cuernavaca ya otorgó una licencia de uso de suelo bajo la modalidad de corredor urbano mixto, lo que representa un avance administrativo para la empresa interesada en desarrollar el complejo inmobiliario.
Dupré Ramírez admitió que, si las autoridades municipales hubieran autorizado únicamente el uso de suelo comercial, el desarrollo habitacional habría quedado impedido desde el inicio. Sin embargo, el gobierno capitalino eligió una clasificación que jurídicamente mantiene abierta la puerta al proyecto.
Ahora, el futuro del predio dependerá de que el Ayuntamiento entregue o niegue otros documentos, entre ellos la licencia ambiental y las autorizaciones de construcción.
El secretario estatal sostuvo que la única intervención de la Secretaría de Desarrollo Sustentable corresponde a la evaluación del impacto ambiental y afirmó que dicha autorización no debería concederse cuando el ordenamiento ecológico prohíbe expresamente los asentamientos urbanos.
Sin embargo, su deslinde público deja una pregunta inevitable: ¿de qué sirve una Secretaría de Desarrollo Sustentable si, ante la amenaza de destrucción de una zona de alto valor ambiental, su titular se limita a señalar a otra autoridad?
UN PULMÓN NATURAL BAJO AMENAZA
El predio donde pretende levantarse Alto Verde es considerado por ambientalistas como uno de los últimos espacios naturales de Cuernavaca. Especialistas han señalado que conserva características propias de la selva baja caducifolia, un ecosistema cada vez más reducido por el crecimiento urbano descontrolado.
Colectivos como Guardianes de los Árboles han expresado su rechazo al megaproyecto y advierten que su construcción implicaría la tala de árboles, pérdida de biodiversidad, aumento del tráfico, mayor demanda de agua y una presión adicional sobre los servicios públicos de la ciudad.
Pese a ello, las autoridades continúan atrapadas en un juego de competencias, trámites y responsabilidades administrativas, mientras el proyecto avanza y el patrimonio ambiental de Cuernavaca permanece en riesgo.
Alan Dupré invocó el principio jurídico in dubio pro natura, que establece que ante la duda las decisiones deben favorecer la protección del medio ambiente. Sin embargo, más allá de los discursos, el funcionario evitó fijar una postura contundente sobre la viabilidad del proyecto.
“No quiero hacer juicios”, expresó, pese a que la dependencia que encabeza tiene como responsabilidad principal proteger los recursos naturales y vigilar que los desarrollos urbanos no destruyan ecosistemas estratégicos.
La ciudadanía no necesita funcionarios que se laven las manos ni autoridades que se arrojen responsabilidades unas a otras. Necesita decisiones firmes, transparencia y una defensa real del territorio.
Porque cuando caiga el primer árbol, cuando el concreto sustituya a la vegetación y cuando el llamado pulmón de Cuernavaca desaparezca, ya será demasiado tarde para que las autoridades digan que no estaba en sus manos.
El Ayuntamiento de Cuernavaca tendrá la decisión administrativa, pero Alan Dupré y el Gobierno del Estado también tendrán que asumir su responsabilidad política, ambiental e histórica ante el posible ecocidio que se aproxima.










