La inversión creció casi cinco veces desde 2022, pero el Ayuntamiento deberá demostrar con hectáreas productivas, rendimientos e ingresos si el presupuesto realmente llegó al campo o solamente alimentó el discurso oficial
El Ayuntamiento capitalino presentó como una inversión “histórica” la asignación de 32 millones de pesos al sector agropecuario durante 2026, una cifra elevada para un municipio predominantemente urbano y con una superficie cultivable menor a la de las grandes regiones agrícolas de Morelos.
Los recursos forman parte del Fondo de Aportaciones Estatales para el Fomento Municipal (FAEFOM) y fueron aprobados por el Congreso del Estado y el Poder Ejecutivo. El gobierno municipal sostiene que beneficiarán a más de mil 500 productores de nueve comunidades mediante fertilizantes, semillas, sistemas de riego, tractores, geomembranas, alimento para ganado y campañas sanitarias.
Sin embargo, detrás del anuncio millonario aparece una pregunta inevitable: ¿la dimensión productiva del campo cuernavaquense justifica el monto o se trata de una bolsa que todavía no demuestra resultados proporcionales?
Cuernavaca no compite en extensión agrícola con municipios rurales como Ayala, Yecapixtla, Axochiapan, Tepalcingo, Ocuituco o Tlaquiltenango. Su territorio enfrenta una intensa presión urbana y el propio gobierno reconoce que su actividad agropecuaria se concentra en nueve localidades, principalmente en cultivos ornamentales, aguacate, maíz y frijol.
El presupuesto pasó de aproximadamente 6.5 millones de pesos en 2022 a 32 millones en 2026, lo que representa un incremento cercano al 392% en cuatro años. Frente a ese crecimiento, no basta informar cuántos costales, tractores o geomembranas fueron entregados: la administración debe acreditar cuántas hectáreas mejoraron su rendimiento, cuánto aumentaron los ingresos de los productores y qué porcentaje de los beneficiarios continúa activo.
Divididos entre los mil 500 productores anunciados, los 32 millones representarían un promedio teórico superior a 21 mil pesos por beneficiario, aunque los apoyos no se entreguen de manera uniforme. El Ayuntamiento también reportó que la producción agropecuaria municipal alcanzó un valor de 240.9 millones de pesos en 2024; por lo tanto, la inversión pública anunciada equivale a alrededor del 13% de ese valor productivo anual.
La cifra tampoco es menor frente al presupuesto total del municipio. Cuernavaca aprobó para 2026 un gasto de 2 mil 149 millones 428 mil 125 pesos; así, el recurso agropecuario representa aproximadamente 1.5% del presupuesto municipal, aun cuando proviene de un fondo estatal etiquetado y no de una decisión libre de gasto del Ayuntamiento.
El FAEFOM está diseñado para distribuirse entre tres rubros: apoyos agropecuarios, infraestructura municipal y cumplimiento de sentencias y laudos laborales.
De hecho, información pública sobre el esquema aprobado para 2026 señala una distribución general que contempla 20% para laudos laborales y se trata de recursos etiquetados para fines determinados por la legislación y las reglas del FAEFOM.
¿INVERSIÓN VIABLE O DESPILFARRO?
El campo de Cuernavaca genera productos ornamentales, aguacate, granos, miel, alimentos pecuarios y empleos en comunidades rurales; además, el Ayuntamiento reporta un crecimiento de 17% en el valor de la producción agropecuaria durante 2024.
Pero tampoco puede aceptarse como éxito solamente porque el monto sea histórico.
Para demostrar que la inversión es viable, el gobierno municipal debe publicar el padrón completo de beneficiarios, ubicación y superficie de las unidades productivas, reglas de selección, costo unitario de cada apoyo, proveedores contratados, incrementos en rendimiento y evidencia de que tractores, sistemas de riego y geomembranas permanecen al servicio de los productores.
Sin esos indicadores, los 32 millones pueden convertirse en una cifra espectacular para la propaganda, pero imposible de evaluar la productividad del campo capitalino y sus productores .
La discusión debe reducirse a si Cuernavaca tiene pocas o muchas hectáreas agrícolas. El verdadero cuestionamiento es si cada peso invertido está elevando la productividad y los ingresos de quienes trabajan la tierra o si el presupuesto se fragmenta en entregas para la fotografía del alcalde con costales de fertilizantes, sin seguimiento, impacto ni rendición de cuentas.
El campo necesita recursos, pero también transparencia: sembrar millones sin medir resultados puede terminar cosechando dudas de transparencia a la ciudadania .










