EL PRESIDENTE DE CUERNAVACA YA NI LA CHINA… ¡YA SE VA DE VACACIONES!

Mientras Cuernavaca se cae a pedazos entre baches, basura, inseguridad, falta de agua y calles abandonadas, el alcalde José Luis Urióstegui Salgado alista maletas para irse a China, como si la capital morelense estuviera en perfecto estado y no necesitara un presidente municipal presente.

La justificación oficial suena muy bonita: vínculos económicos, culturales y relaciones internacionales. Pero en las colonias la realidad es otra: los vecinos no necesitan fotos en el extranjero, necesitan calles transitables, alumbrado funcionando, servicios públicos eficientes y un alcalde que gobierne desde Cuernavaca, no desde los aeropuertos.

Porque mientras el presidente municipal presume agenda internacional, la ciudadanía sigue enfrentando los mismos problemas de siempre. Baches que parecen cráteres, banquetas invadidas, basura acumulada, inseguridad creciente y una administración que cada vez luce más lejos de la gente.

La pregunta es inevitable: ¿de qué sirven tantos viajes, giras y discursos diplomáticos si Cuernavaca no ve resultados?

El alcalde fue elegido para atender la capital, no para coleccionar sellos en el pasaporte. La ciudad no necesita un turista con banda presidencial municipal; necesita un gobernante de tiempo completo, que camine las colonias, escuche a la gente y resuelva lo que está fallando.

Hoy, la crítica ciudadana pega fuerte porque la imagen es clara: mientras Cuernavaca pide auxilio, su alcalde vuelve a mirar hacia otro lado.

Y esta vez, literalmente, hacia China.

En una ciudad donde los problemas están a la vuelta de cada esquina, el viaje del alcalde no se ve como diplomacia: se ve como abandono.

Porque Cuernavaca no necesita hermanamientos de fotografía.

Necesita gobierno, presencia y resultados.