La capital morelense se encuentra en el ojo del huracán. Entre denuncias internas, señalamientos políticos y un creciente malestar ciudadano, la administración del presidente municipal José Luis Urióstegui Salgado enfrenta una de sus etapas más críticas, marcada por acusaciones de opacidad, fallas en servicios públicos y posibles irregularidades en el manejo de recursos.
Las alertas ya no provienen únicamente de la oposición. Desde el propio Cabildo, regidores han comenzado a exhibir lo que califican como inconsistencias graves en obras públicas. El caso del bacheo ha encendido las alarmas: de acuerdo con el regidor Gabriel Rivas Ríos, el material asfáltico reportado no coincide con lo ejecutado, generando dudas sobre su destino y uso.
La pregunta que circula con fuerza es directa: ¿dónde está el material que debía aplicarse en las calles de la ciudad?
A este señalamiento se suma la crítica por el bajo desempeño en servicios públicos. Según integrantes del Cabildo, el seguimiento a solicitudes ciudadanas es mínimo, dejando a colonias enteras con rezagos visibles en infraestructura y mantenimiento.
El panorama se agrava con la situación del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca (SAPAC). El regidor Alan Moreno Domínguez ha advertido que el organismo enfrenta una crisis financiera y operativa severa, sin estrategia clara ni plan de rescate integral.
Tras la comparecencia de su titular, las críticas fueron contundentes: respuestas ambiguas, falta de rumbo y la propuesta de incrementar tarifas sin estudios técnicos sólidos, en medio de un servicio que miles de familias consideran deficiente.
Otros casos han alimentado la percepción de desorden institucional: denuncias por tala de árboles sin sanción, establecimientos señalados por presuntas irregularidades que continúan operando tras clausuras temporales, y cuestionamientos sobre la capacidad del Ayuntamiento para ejercer autoridad efectiva.
Incluso actores del sector empresarial han exigido que se investiguen a fondo estos hechos y se actúe conforme a la ley, deslindándose de posibles vínculos en casos polémicos.
Las voces críticas coinciden en un punto: la necesidad urgente de transparencia, rendición de cuentas y resultados concretos. Señalan que más allá de errores aislados, existe un patrón de decisiones cuestionadas que impactan directamente en la calidad de vida de la ciudadanía.
Mientras tanto, Cuernavaca enfrenta calles deterioradas, fallas en servicios básicos y una creciente exigencia social de respuestas claras.
Hoy, la capital no solo enfrenta problemas urbanos…
enfrenta una crisis de confianza.







