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Tras meses de ausencia, la Mesa Estatal para la Construcción de Paz retoma sus conferencias de seguridad; ahora serán mensuales, pero el gran reto será demostrar que las cifras oficiales realmente se traducen en tranquilidad para los morelenses.
Después de varios meses de silencio, este jueves regresan las conferencias de prensa de los integrantes de la Mesa Estatal para la Construcción de Paz y Seguridad, ahora con el compromiso de presentar un informe cada mes. El regreso ocurre en medio de un escenario contradictorio: mientras las autoridades presumen una importante disminución de los homicidios dolosos, Morelos continúa enfrentando problemas graves como la extorsión, el cobro de piso, los robos y la presencia de grupos criminales que mantienen bajo presión a distintas regiones del estado.
Las cifras oficiales muestran que los homicidios han disminuido de manera considerable. El promedio diario pasó de 3.5 casos en septiembre de 2024 a 1.6 en junio de 2026, una reducción de 54 por ciento. El dato representa un avance que no puede ignorarse, pero tampoco significa que la crisis de seguridad esté resuelta. El problema es que mientras disminuyen los asesinatos, otros delitos siguen golpeando directamente a las familias y a la economía de Morelos.
El ejemplo más evidente está en la extorsión, particularmente en Cuautla, donde durante 2025 se concentró una parte importante de las denuncias estatales. El llamado cobro de piso se ha convertido en una amenaza para comerciantes, empresarios, transportistas y trabajadores, al grado de que las autoridades tuvieron que reforzar la presencia de fuerzas federales y estatales en la región oriente. La pregunta que queda en el aire es sencilla: ¿de qué sirve presumir miles de operativos si un comerciante todavía tiene miedo de abrir su negocio por una llamada de extorsión?
La estrategia de seguridad también presume cientos de detenciones, cateos y órdenes de aprehensión, pero el verdadero desafío está en lo que ocurre después. Detener no significa necesariamente desarticular una organización criminal; catear no significa acabar con una estructura delictiva y cumplir una orden de aprehensión tampoco garantiza una sentencia. Por eso, las nuevas conferencias mensuales de seguridad deberán ir más allá de presentar números y fotografías de operativos: tendrán que explicar cuántos detenidos fueron vinculados a proceso, cuántos recibieron sentencia y cuántas estructuras criminales fueron realmente desmanteladas.
El reto tampoco se limita a Cuautla. La inseguridad tiene diferentes rostros en los 36 municipios de Morelos. En Cuernavaca, Jiutepec y Temixco persisten problemas relacionados con robos y violencia urbana; en el oriente, la extorsión representa una amenaza particularmente fuerte; mientras que municipios del sur y zonas limítrofes con Guerrero enfrentan dinámicas relacionadas con grupos criminales, trasiego de drogas, violencia y delitos contra transportistas y comerciantes.
Por eso, el regreso de la Mesa de Seguridad tendrá que convertirse en un verdadero ejercicio de rendición de cuentas. La ciudadanía necesita saber qué ocurre municipio por municipio, dónde aumentan los delitos, dónde disminuyen, cuántas denuncias existen y, sobre todo, qué resultados concretos están obteniendo las instituciones.
Porque la seguridad no se mide solamente con estadísticas. Se mide cuando el comerciante puede cerrar su negocio sin recibir amenazas, cuando una familia puede salir a la calle sin miedo, cuando un transportista puede trabajar sin pagar derecho de piso y cuando una víctima confía en denunciar porque sabe que la autoridad realmente actuará.
Morelos tiene una cifra positiva que presumir: los homicidios han bajado. Pero la realidad también obliga a reconocer que la violencia no desapareció. La extorsión y otros delitos mantienen encendidas las alarmas y evidencian que todavía existen zonas donde el Estado tiene que recuperar plenamente el control.
Ahora que las conferencias serán mensuales, el discurso tendrá que someterse a la prueba más difícil: la realidad de las calles. Porque los morelenses no necesitan solamente escuchar que hay más operativos, más patrullas y más detenidos; necesitan sentir que viven en un estado más seguro.
El reto para la Mesa de Seguridad es enorme: demostrar que la reducción de homicidios no es solamente una buena estadística, sino el comienzo de una transformación real. Porque Morelos puede estar matando menos, pero todavía está muy lejos de poder decir que vive en paz.










