A 23 días del despliegue de fuerzas estatales y federales, Cuautla vuelve a teñirse de sangre. Pese a los 400 elementos destinados a reforzar la seguridad, un nuevo ataque armado exhibe la incapacidad de las autoridades para contener los homicidios y las extorsiones.
El llamado Plan Cuautla, anunciado como una estrategia para contener la violencia, las extorsiones y al crimen organizado, enfrenta una dura prueba: en apenas 23 días ya suman ocho asesinatos, mientras la violencia continúa golpeando distintos puntos del municipio.
El episodio más reciente ocurrió la noche del lunes en un camino vecinal de la colonia Cuautlixco, donde un hombre fue atacado a balazos. Vecinos alertaron a las autoridades tras escuchar varias detonaciones y, minutos después, elementos de seguridad estatal y fuerzas militares arribaron al sitio.
En el lugar encontraron a la víctima inconsciente y con múltiples manchas de sangre. A un costado quedó una motocicleta y fueron localizados cinco indicios balísticos.
Paramédicos confirmaron que el hombre ya no contaba con signos vitales. La zona fue acordonada mientras personal especializado realizó las diligencias correspondientes para el levantamiento del cuerpo y el inicio de las investigaciones.
El nuevo homicidio ocurre pese al despliegue anunciado de alrededor de 400 elementos estatales y federales en Cuautla, una fuerza que, de acuerdo con los datos señalados, representa aproximadamente el doble del personal que opera en Cuernavaca.
¿Dónde está el resultado?
El dato que vuelve a encender las alarmas es contundente: ocho homicidios durante los primeros 23 días del Plan Cuautla.
La presencia de militares y policías no ha impedido que continúen registrándose ataques armados, lo que coloca bajo presión la estrategia de seguridad y obliga a preguntar si el despliegue realmente está generando resultados en las calles.
El contraste resulta inevitable. Mientras en otros lugares del mundo autoridades como Rudy Giuliani, durante su etapa como fiscal y alcalde de Nueva York, construyeron su imagen política precisamente alrededor de una ofensiva contra la mafia y la reducción de homicidios, en Cuautla el enorme despliegue de fuerzas de seguridad todavía no se traduce, al menos en estos primeros 23 días, en una contención visible de la violencia.
La comparación no significa equiparar contextos ni estrategias, pero sí pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿de qué sirve tener cientos de elementos desplegados si la delincuencia continúa cobrando vidas?
Las mesas de seguridad, bajo la lupa
El escenario también coloca en el centro de la discusión las Mesas para la Construcción de la Paz y Seguridad, realizadas semanalmente y encabezadas por la gobernadora Margarita González Saravia.
Si el objetivo del Plan Cuautla es recuperar el control territorial y frenar delitos como homicidio y extorsión, el octavo asesinato ocurrido desde su puesta en marcha representa un golpe a la percepción de seguridad y un desafío para las autoridades estatales y federales.
Cuautla no necesita únicamente más elementos en las calles: necesita resultados.
Porque mientras las autoridades anuncian operativos, reuniones y estrategias, la violencia sigue hablando con balazos.
Y después de ocho asesinatos en apenas 23 días, la pregunta que comienza a recorrer las calles es inevitable:
¿El Plan Cuautla está funcionando… o la delincuencia le está ganando la partida al Estado?










