ENTRE SELVA CAÑERA, SAHUMERIOS Y DANZAS: LOS PUEBLOS ORIGINARIOS DE MORELOS HACEN VIBRAR SUS RAÍCES

Entre el verde intenso de la selva cañera, el aroma del copal y el sonido de los tambores, Morelos volvió a encontrarse con sus raíces. No fue una reunión más: fue una explosión de identidad, memoria y orgullo que reunió a comunidades originarias en el 9º Encuentro Estatal de Pueblos Originarios del Estado de Morelos.

Desde temprano, los caminos comenzaron a llenarse de colores, vestimentas tradicionales, música y rostros provenientes de distintos rincones del estado. La comunidad anfitriona abrió sus puertas para recibir a representantes de pueblos que, pese al paso de los años, mantienen viva una herencia que se niega a desaparecer.

El encuentro comenzó con una ceremonia de bienvenida. La sahumación limpió el espacio y recibió a autoridades y visitantes, mientras el humo se elevaba como un puente simbólico entre el presente y los antepasados.

Después llegó el momento de caminar. Las calles principales se transformaron en un escenario de tradición viva. Danzas, música y expresiones culturales avanzaron entre la mirada de vecinos y visitantes hasta llegar a la Escuela Primaria Vicente Guerrero, donde se realizó la ceremonia Tlalmanalli, una ofrenda a la Tierra para agradecer, pedir permiso y reconocer que detrás de cada comunidad existe una historia mucho más antigua que cualquier frontera administrativa.

Bajo el lema “Raíz, color y tradición viva de nuestros pueblos”, el encuentro reunió a comunidades de prácticamente todos los puntos de Morelos y también a delegaciones invitadas de otros estados.

Tetelpa, Coajomulco, Anenecuilco, Alpuyeca, Chalcatzingo, Amayuca, Amilcingo, Cuentepec, Tepoztlán, Temimilcingo, Ticumán, Tres Marías, Chamilpa, Santa María Ahuatitlán, Ahuehuetzingo, Hueyapan, Tetelcingo, Atlacholoaya, Cuautla, San Mateo, Tetlama, Coatetelco, Tlaquiltenango, Cuernavaca, Jiutepec, Emiliano Zapata, Xoxocotla, Nepopualco y muchas otras comunidades hicieron de esta jornada un verdadero mosaico cultural.

La fiesta también cruzó fronteras estatales con la presencia de representantes de Los Cabos, Baja California Sur, e Iguala, Guerrero, demostrando que las raíces de los pueblos originarios no entienden de límites geográficos.

Y entonces la música tomó el escenario.

Coajomulco estremeció al público con el Himno Nacional Mexicano interpretado en náhuatl. Anenecuilco llevó los sones antiguos de Michoacán. Xoxocotla presentó los tradicionales Toritos y Apaches, además de la Danza del Venado y el Cazahuate.

Amayuca, a través del grupo Xochipitzahuatl, presentó estampas de Campeche y de la costa de Sinaloa. Desde Iguala llegó otra expresión de la riqueza guerrerense. Tetelpa llevó al escenario la Matanza del Tigre y la Danza de los Tecuanes, mientras su ballet presentó sones y jarabes del estado de Morelos.

Cada danza parecía contar una historia distinta, pero todas hablaban el mismo idioma: el de la identidad.

En medio de la celebración, la Regiduría de Asuntos Indígenas, encabezada por la regidora Mildred Samantha Gómez Núñez, impulsó esta jornada como un espacio para reconocer, preservar y compartir la riqueza cultural de los pueblos originarios.

La verdadera fuerza del encuentro estuvo precisamente ahí: en ver a las comunidades reunidas, intercambiando música, danza, alimentos, conocimientos y abrazos; demostrando que las tradiciones no son piezas de museo, sino expresiones vivas que siguen pasando de una generación a otra.

Cuando cayó la tarde, la convivencia continuó alrededor de los alimentos ofrecidos por la comunidad anfitriona. La mesa se convirtió nuevamente en punto de encuentro, porque también en la comida se guarda la memoria de los pueblos.

Desde la selva cañera de Morelos, los pueblos originarios volvieron a levantar la voz sin necesidad de gritar: con sus danzas, sus lenguas, sus ceremonias y sus tradiciones dijeron que aquí están, que aquí siguen y que sus raíces permanecen profundamente enterradas en esta tierra.

El 9º Encuentro Estatal de Pueblos Originarios dejó una imagen poderosa: comunidades distintas caminando juntas, compartiendo sus raíces y demostrando que la identidad de Morelos no está solamente en sus monumentos o paisajes.

Está viva en sus pueblos. Está en sus lenguas. Está en sus danzas. Está en su gente.

Y mientras la caña se mece con el viento, la tradición continúa escribiendo su historia.