El aroma de la leña encendida se mezcló con el perfume del mole recién servido; las tortillas hechas a mano salían calientes, mientras las ollas de barro guardaban uno de los mayores tesoros gastronómicos de Morelos. Durante dos días, Atlacholoaya se convirtió en un enorme escaparate de sabor, tradición y cultura con la 5ª Feria del Mole y del Tamal Atlacholoaya 2026, una fiesta que reunió a miles de visitantes y colocó nuevamente a Xochitepec Pueblo Mágico en el mapa turístico.
Más de 25 cocineras tradicionales y tlacualeras fueron las protagonistas de esta celebración. Con manos expertas y recetas transmitidas de generación en generación, prepararon mole rojo, verde, rosa y hasta de mango, demostrando que en Atlacholoaya la cocina no solamente alimenta: cuenta historias, preserva raíces y mantiene viva la identidad de un pueblo.
El festín comenzó desde el sábado con una de las estampas más representativas de la comunidad: el tradicional baile del guajolote, una costumbre que acompaña a las parejas recién casadas cuando salen a recorrer las calles del pueblo al ritmo de la banda de viento. La tradición abrió paso a una jornada donde los sabores se convirtieron en el principal atractivo turístico.
En la Casa de la Cultura, el visitante podía elegir su plato de mole acompañado de pollo, puerco o guajolote, además de arroz, frijoles y tortillas hechas a mano. Para refrescar el paladar, tampoco faltaron las aguas frescas, mientras que quienes quisieron llevarse un pedacito de Atlacholoaya a casa encontraron mole preparado para cocinar y una amplia variedad de productos artesanales.
Pero la feria fue mucho más que gastronomía. Los visitantes también pudieron recorrer los puestos de artesanos y conocer parte de la riqueza cultural que distingue a Xochitepec. Como invitado especial participó Córdoba, Veracruz, Pueblo Mágico con el que Xochitepec mantiene un hermanamiento para compartir experiencias, tradiciones, cultura y acciones encaminadas a fortalecer el turismo de ambas comunidades.
Y para quienes querían descubrir algo más que los sabores, el ChineloBus ofreció recorridos turísticos gratuitos por distintos puntos del municipio, convirtiendo la feria en una puerta de entrada para conocer los atractivos de Xochitepec.
El presidente municipal, Roberto Gonzalo Flores Zúñiga, “Chalo Flores”, destacó que este tipo de celebraciones permiten mostrar al visitante la esencia de las comunidades y fortalecer la actividad turística.
“Dos días en los que Atlacholoaya mostró lo bonito que es y donde conocimos el sazón, sabor y esencia de nuestras cocineras tradicionales. Gracias a las y los visitantes por venir a conocer una parte de Xochitepec Pueblo Mágico”, expresó.
La fiesta también tuvo música, danza y espectáculo. Sobre el escenario desfilaron la Danza Prehispánica, Fernanda GS, los Ballets Folklóricos Yolotzin y Mayab, Brillos Cumbia, Acapulco Internacional, Cocay Grupo Inclusivo, Manuel Ocampo, Cuernavaca Show, Los Superiores y Banda La Nueva Estrella de Morelos.
Entre música, bailes, humo de leña y el inconfundible aroma del mole, Atlacholoaya demostró que sus tradiciones siguen más vivas que nunca. Aquí el turismo no se cuenta solamente en fotografías: se prueba en un plato, se escucha en una banda de viento y se siente en las manos de quienes mantienen encendida la cocina tradicional.
La quinta edición concluyó con saldo blanco gracias al operativo de seguridad implementado para proteger a visitantes y habitantes.
Así, entre una olla de barro, una tortilla recién hecha y una receta guardada por generaciones, Atlacholoaya volvió a presumir aquello que nadie puede copiar: su sabor, su gente y su tradición. Y mientras Xochitepec continúa consolidándose como Pueblo Mágico y destino turístico, la Feria del Mole y del Tamal confirma que en este rincón de Morelos, la primavera también se cocina.










