Ramón Castro Castro llama a recuperar la compasión ante una sociedad que convierte la tragedia en estadísticas y pierde sensibilidad frente al sufrimiento.
La violencia dejó de sorprender, el dolor ajeno comenzó a verse como una cifra más y la ambición por el poder, el dinero o el beneficio personal amenaza con desplazar la empatía que sostiene a una sociedad. Así lo advirtió el obispo de la Diócesis de Cuernavaca, Ramón Castro Castro, durante su homilía dominical en la Catedral de Cuernavaca.
Ante los fieles, el jerarca católico lanzó una reflexión sobre uno de los fenómenos más preocupantes de la actualidad: la normalización de la violencia. Señaló que la exposición constante a noticias de asesinatos, desapariciones, guerras y agresiones ha provocado que muchas personas desarrollen una especie de indiferencia frente al sufrimiento humano.
“Escuchamos noticias de violencia mientras desayunamos, vemos tragedias en el teléfono y seguimos deslizando la pantalla”, fue la reflexión que planteó Castro Castro al cuestionar una realidad donde la muerte de personas comienza a percibirse únicamente como números.
El obispo explicó que esta pérdida de sensibilidad no ocurre de manera espontánea, sino que responde a un proceso social donde la repetición constante de hechos violentos, la adaptación al miedo y la cultura de la agresión como forma de resolver conflictos terminan modificando la manera en que el ser humano percibe el dolor.
La violencia que se observa todos los días puede generar acostumbramiento: desde edades tempranas, las personas pueden aprender a convivir con escenarios de agresión; los entornos inseguros pueden hacer que el miedo parezca normal y, con el tiempo, algunas expresiones de violencia pueden llegar a verse como mecanismos de dominio, control o éxito.
Durante su mensaje, Ramón Castro Castro recordó que el Papa Francisco llamó a este fenómeno “la globalización de la indiferencia”, una enfermedad espiritual que lleva a creer que los problemas del otro no tienen relación con la propia vida.
Frente a esta realidad, el obispo hizo un llamado a recuperar la compasión, entendida no como observar el sufrimiento desde lejos, sino como la capacidad de acompañar y actuar ante el dolor de los demás.
“No podemos vivir anestesiados”, expresó al convocar a la sociedad a no permitir que las tragedias pierdan rostro humano y a recuperar la capacidad de conmoverse ante quienes sufren.
Castro Castro también reflexionó sobre la ambición desmedida que puede llevar al ser humano a perder valores fundamentales, cuando el deseo de poder, riqueza o reconocimiento coloca los intereses individuales por encima de la vida y la dignidad de los demás.
En medio de un contexto marcado por violencia, extorsiones, desapariciones y conflictos sociales, el obispo llamó a no resignarse ni aceptar como normal aquello que destruye el tejido social.
Su mensaje fue una invitación a mirar nuevamente al prójimo, a rechazar la indiferencia y a construir una sociedad donde la vida tenga valor más allá de una estadística.
Porque, advirtió, el mayor riesgo no es solamente vivir rodeados de violencia, sino llegar al punto en que deje de dolernos.
Mons. Ramón Castro Castro
Arquidiócesis Primada de México










