LLAMA MONS. RAMÓN CASTRO A VIVIR UNA FE CON ENTREGA, HOSPITALIDAD Y SERVICIO AL PRÓJIMO

La liturgia del XIII Domingo del Tiempo Ordinario recordó que seguir a Cristo implica asumir la cruz, abandonar el egoísmo y reconocer que hasta el gesto más sencillo de solidaridad tiene una recompensa ante Dios.

Durante la celebración eucarística del XIII Domingo del Tiempo Ordinario en la Catedral de Cuernavaca, presidida por monseñor Ramón Castro Castro, XII obispo de la Diócesis de Cuernavaca, la comunidad católica fue convocada a vivir una fe auténtica, marcada por la hospitalidad, la entrega y el servicio a quienes más lo necesitan.

A partir de las lecturas proclamadas, el mensaje de la jornada destacó que la vida cristiana no puede limitarse a palabras, rituales o expresiones externas de religiosidad, sino que debe traducirse en acciones concretas de generosidad, atención y ayuda al prójimo.

La primera lectura, tomada del segundo libro de los Reyes, presentó el ejemplo de una mujer de Sunem que recibió en su hogar al profeta Eliseo y, reconociéndolo como un hombre de Dios, preparó para él una habitación con una cama, una mesa, una silla y una lámpara. Como respuesta a su hospitalidad y generosidad, recibió la promesa de tener un hijo.

Este pasaje recordó que abrir las puertas de la casa y del corazón a los demás puede convertirse en una manifestación de fe, especialmente cuando se ayuda sin esperar beneficios personales o recompensas inmediatas.

El salmo responsorial proclamó de manera constante la misericordia y fidelidad de Dios, al señalar que su amor permanece para siempre y acompaña a quienes caminan bajo su luz.

En la segunda lectura, san Pablo recordó a los creyentes que, mediante el bautismo, han sido incorporados a la muerte y resurrección de Jesucristo, por lo que están llamados a abandonar el pecado y comenzar una vida nueva orientada hacia Dios.

El Evangelio presentó uno de los llamados más exigentes de Jesús a sus discípulos: tomar la cruz y seguirlo, incluso cuando ello represente sacrificios, renuncias y decisiones difíciles.

“El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí”, señala el pasaje evangélico, que también advierte que quien pretenda salvar únicamente su propia vida terminará perdiéndola, mientras que quien la entregue por Cristo encontrará la verdadera salvación.

El mensaje puso énfasis en que seguir a Jesús implica colocar a Dios en el centro de la existencia, por encima de intereses personales, comodidades, egoísmos o apegos que impidan cumplir con el deber cristiano.

Asimismo, el Evangelio resaltó el valor de recibir y atender a los demás, al afirmar que quien recibe a un discípulo recibe también a Cristo y, por medio de él, al Padre que lo envió.

Incluso una acción aparentemente pequeña, como ofrecer un vaso de agua fría a quien lo necesita, adquiere un profundo significado espiritual cuando nace de la compasión y del reconocimiento de la dignidad humana.

La enseñanza dominical invitó a los fieles de Morelos a preguntarse de qué manera están viviendo su fe en la familia, en el trabajo, en las comunidades y frente a las personas que enfrentan pobreza, enfermedad, abandono o alguna situación de vulnerabilidad.

La celebración en la Catedral de Cuernavaca reafirmó que la fe cristiana exige salir de la indiferencia y convertir el amor a Dios en actos diarios de solidaridad, hospitalidad, misericordia y compromiso con los demás.

El llamado central fue a no tener miedo de asumir la cruz, entendida no como resignación pasiva ante el sufrimiento, sino como la disposición de permanecer firmes en el bien, defender la verdad y servir al prójimo aun cuando ello implique sacrificios.

En este XIII Domingo del Tiempo Ordinario, la Iglesia recordó que ningún acto de bondad pasa inadvertido ante Dios y que hasta el gesto más sencillo, realizado con amor y generosidad, puede transformar la vida de una persona y convertirse en testimonio vivo del Evangelio.