La Caravana Mundialista Tlaltizapán 2026 convirtió el corazón del municipio en una gran cancha de convivencia para niñas, niños, jóvenes y familias.
El balón comenzó a rodar y, por unas horas, el zócalo municipal cambió su ritmo cotidiano por el ambiente de una auténtica fiesta mundialista.
Niñas, niños, jóvenes y familias llegaron con entusiasmo para participar en la Caravana Mundialista Tlaltizapán 2026, una jornada llena de actividades deportivas, retos y convivencia alrededor de la pasión por el futbol.
La presidenta municipal, Nancy Gómez Flores, dio la patada inaugural y consiguió el gol simbólico con el que quedó oficialmente abierta la actividad. El momento fue celebrado por las familias presentes y marcó el inicio de una jornada en la que el deporte fue el gran protagonista.
A partir de entonces, el zócalo se convirtió en un circuito de habilidades. En el tiro a portería, los participantes pusieron a prueba su fuerza y puntería; en el tiro al blanco, cada disparo exigía concentración, mientras que las dominadas despertaban aplausos entre quienes lograban mantener el balón en el aire.
El teqball y el tenis balón también atrajeron la atención de jóvenes y adultos, quienes aceptaron el reto de demostrar coordinación, equilibrio y dominio del esférico.
Uno de los espacios más concurridos fue el intercambio de estampas mundialistas. Entre repetidas, faltantes y negociaciones improvisadas, niñas, niños y coleccionistas compartieron la emoción de completar sus álbumes. Los videojuegos deportivos añadieron otro ingrediente a la celebración, con encuentros virtuales disputados con la misma intensidad que un partido real.
La jornada contó con la participación de personal del Instituto del Deporte y Cultura Física del Estado de Morelos, enviado por su director general, Juan Felipe Domínguez Robles, como parte del trabajo coordinado para promover la activación física en los municipios.
Más allá de los retos y las dinámicas, la Caravana Mundialista logró reunir a familias enteras en un espacio público convertido en punto de encuentro. Padres alentando a sus hijos, jóvenes compartiendo el balón y pequeños soñando con jugar algún día en un gran estadio formaron parte de la postal.
No hubo gradas ni boletos numerados. El zócalo fue cancha, tribuna y zona de convivencia para una comunidad que celebró el Mundial a su manera.
Con una sola patada inaugural y un gol que abrió la jornada, Tlaltizapán dio el primer toque de una fiesta deportiva en la que ganaron la convivencia, la alegría y la unión familiar.










