ANTES DE IRSE DE VACACIONES, NIÑAS Y NIÑOS SE LLEVAN EL ARTE A CASA

Un total de 244 estudiantes llenó el Teatro Ocampo de música, color y tradición, en una jornada que fortaleció el orgullo por las raíces culturales de México.

Antes de cerrar sus actividades escolares y comenzar el periodo vacacional, niñas y niños de escuelas primarias de Cuernavaca se llevaron a casa algo más valioso que una calificación: el amor por el arte, la música, la danza y las tradiciones mexicanas.

El Teatro Ocampo se convirtió en un mosaico de colores, vestuarios y sonidos durante una demostración de bailes regionales organizada por la Zona Escolar número 53 de Educación Primaria, con el respaldo del Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos.

En el encuentro participaron 244 estudiantes, acompañados por 28 docentes y 16 directivos de 13 planteles ubicados en las colonias Revolución, Chapultepec y Mártires de Río Blanco.

Sobre el escenario, las y los alumnos representaron danzas tradicionales de distintas regiones del país, demostrando que el arte también educa, fortalece la disciplina y ayuda a las nuevas generaciones a reconocer la riqueza cultural que da identidad a México.

Cada baile fue resultado del trabajo colectivo, los ensayos y el compromiso de las comunidades escolares. Sin embargo, más allá de los pasos y las coreografías, la presentación permitió que niñas y niños expresaran emociones, desarrollaran confianza y comprendieran el valor de sus raíces.

La responsable de la Zona Escolar, Delia Taboada Brito, destacó que estas actividades fortalecen el campo formativo de Lenguajes, pues permiten comunicar ideas e identidad mediante el movimiento corporal, la música y las expresiones artísticas.

La interpretación de danzas regionales también favorece la convivencia, el respeto a la diversidad y el reconocimiento del patrimonio cultural de las comunidades.

Con esta jornada, las escuelas demostraron que la educación no termina en los libros ni dentro de un salón. También se construye sobre un escenario, al escuchar la música, coordinar los movimientos y portar con orgullo los colores de una tradición.

Antes de irse de vacaciones, las niñas y los niños no sólo ofrecieron un espectáculo: se llevaron el arte a casa y dejaron en el Teatro Ocampo una poderosa muestra de que las raíces mexicanas continúan vivas en las nuevas generaciones.