“JESUCRISTO ES NUESTRO CAPITÁN”: OBISPO LLAMA A MÉXICO A JUGAR UNIDO EL GRAN PARTIDO DE LA HISTORIA
Ante un país herido por la violencia, la inseguridad, la extorsión, la corrupción y la pérdida de esperanza, monseñor Ramón Castro Castro recordó que Dios no abandona a su pueblo y convocó a los fieles a convertirse en verdaderos discípulos y misioneros durante este tiempo mundialista.
En medio de la emoción que despierta el Mundial de fútbol en México, Estados Unidos y Canadá, el obispo de la Diócesis de Cuernavaca, monseñor Ramón Castro Castro, lanzó un mensaje profundamente espiritual y actual: la vida cristiana también exige compromiso, disciplina, unidad, confianza y trabajo en equipo.
Durante la celebración eucarística del XI Domingo del Tiempo Ordinario, desde la Catedral de Cuernavaca, el jerarca católico afirmó que la humanidad está disputando “el gran partido de la historia”, en el que Jesucristo es el capitán y cada bautizado tiene una responsabilidad dentro del equipo.
“Estamos jugando el gran partido de la historia. Tenemos como capitán a Jesucristo y debemos trabajar juntos y confiar los unos en los otros”, proclamó ante la comunidad católica.
Su mensaje no se limitó a la comparación deportiva. Fue también un llamado a mirar de frente las heridas que atraviesan las familias y la sociedad mexicana: la violencia que arrebata vidas, la inseguridad que provoca miedo, la extorsión que golpea a comerciantes y trabajadores, la corrupción que destruye la confianza, la fragmentación familiar y la indiferencia ante el sufrimiento de los demás.
DIOS NO ES INDIFERENTE AL DOLOR DE MÉXICO
Al reflexionar sobre el Evangelio, el obispo recordó el momento en que Jesús contempla a las multitudes cansadas, abandonadas y “como ovejas sin pastor”. Explicó que Cristo no observa el sufrimiento desde la distancia, sino que se conmueve profundamente ante las heridas humanas.
“Dios ve a nuestro pueblo mexicano cansado y abatido. Ve la violencia, la inseguridad, la extorsión y la corrupción. Lo ve, lo siente y sufre porque nos ama, porque contempla a su tesoro herido”, expresó.
Monseñor Ramón Castro señaló que la mirada de Jesús alcanza el dolor silencioso de las familias, la soledad de los adultos mayores, la incertidumbre de los jóvenes, la angustia de quienes no encuentran sentido a su existencia y la desesperación de las víctimas de la violencia.
Frente a esta realidad, aseguró que el mensaje de Dios continúa siendo una fuente de esperanza: México podrá estar herido, pero no ha sido abandonado.
“Dios no se cansa de nosotros. No se resigna ante nuestras heridas ni ante nuestros pecados, pero jamás deja de amar a su pueblo”, enfatizó.
“ERES UN TESORO ESPECIAL PARA DIOS”
El obispo recordó las palabras dirigidas por Dios al pueblo de Israel al pie del monte Sinaí: “Serán mi propiedad, mi tesoro especial, una nación consagrada y un reino de sacerdotes”.
Explicó que esta afirmación revela la enorme dignidad de cada persona, especialmente de quienes se sienten olvidados, inútiles, rechazados o insignificantes.
“Eres un tesoro especial para Dios. Eres suyo, Él te ha elegido y tienes un lugar en su corazón”, manifestó.
Sin embargo, aclaró que ser elegido por Dios no constituye un privilegio para sentirse superior, sino una responsabilidad para convertirse en bendición para los demás.
“No pertenecemos a la Iglesia porque seamos mejores que los demás; pertenecemos a ella porque hemos sido alcanzados por la misericordia de Dios”, subrayó.
De esta manera, invitó a los fieles a comprender que la verdadera identidad cristiana no consiste únicamente en asistir a una celebración religiosa, sino en reflejar el amor de Dios en la familia, el trabajo, la escuela, la política, los medios de comunicación y la vida cotidiana.
LA MIES ES MUCHA: HACEN FALTA PERSONAS DISPUESTAS A SERVIR
Al retomar las palabras de Jesús —“La mies es mucha y los trabajadores son pocos”—, monseñor Ramón Castro advirtió que existe un profundo vacío espiritual en la sociedad contemporánea.
Señaló que muchas personas aparentan vivir sin fe, pero continúan buscando amor, esperanza, pertenencia y un sentido para sus vidas. En ocasiones, añadió, intentan llenar ese vacío mediante caminos que terminan generando mayor soledad y frustración.
“La necesidad es enorme. Hay un hambre espiritual tremenda. Muchas personas siguen buscando el sentido de su vida, siguen buscando esperanza y siguen buscando amor”, expresó.
El obispo explicó que los trabajadores de la mies no son solamente los sacerdotes y las religiosas. También se necesitan laicos comprometidos, jóvenes generosos, familias unidas, catequistas convencidos, servidores de la liturgia, comunicadores responsables, políticos honestos y ciudadanos dispuestos a trabajar por el bien común.
“Todo bautizado es discípulo y misionero. Todos hemos sido enviados”, afirmó.
DIOS NO BUSCA JUGADORES PERFECTOS, SINO CORAZONES DISPONIBLES
En su reflexión sobre la elección de los doce apóstoles, recordó que Jesús no llamó a hombres perfectos. Eligió pescadores sencillos, personas impulsivas, hombres con debilidades, errores y caracteres difíciles.
Esta realidad, explicó, debe fortalecer la esperanza de quienes creen que sus equivocaciones los incapacitan para servir.
“Los apóstoles no fueron elegidos por ser extraordinarios. Se volvieron extraordinarios porque permitieron que Cristo actuara en ellos”, señaló.
El mensaje fue contundente: Dios no exige perfección antes de llamar. Busca personas dispuestas a levantarse, aprender, cambiar y ponerse al servicio de los demás.
“Dios llama a personas frágiles para transformarlas. Él solamente busca corazones disponibles”, agregó.
EL MUNDIAL COMO LECCIÓN PARA LA IGLESIA Y LA SOCIEDAD
Al concluir su homilía, el obispo aprovechó el ambiente mundialista para explicar que ningún campeonato puede conquistarse con individualismos.
Por más talento que posea una estrella del fútbol, señaló, ningún jugador puede ganar solo. Hace falta estrategia, disciplina, constancia, respeto a las reglas y confianza entre todos los integrantes del equipo.
“Por más excelentes jugadores que existan, solos no pueden. Hace falta trabajar en equipo, tener disciplina, ser constantes, seguir las reglas y confiar los unos en los otros”, manifestó.
Para el jerarca católico, esta enseñanza debe trasladarse a la Iglesia, las familias y la sociedad mexicana. Los grandes desafíos nacionales no se resolverán mediante la división, la indiferencia o la búsqueda de beneficios personales, sino con unidad, responsabilidad y colaboración.
En este tiempo en que millones de personas siguen con emoción cada partido, el mensaje de la Iglesia invita a mirar más allá del marcador: también México necesita formar un equipo capaz de enfrentar la violencia, recuperar la confianza, defender a los más vulnerables y reconstruir la esperanza.
En este gran partido no hay espectadores. Cada persona ocupa una posición, posee una responsabilidad y puede aportar algo para transformar su comunidad.
Jesucristo es el capitán; el Evangelio marca el camino; el Espíritu Santo fortalece al equipo y María Santísima acompaña a quienes deciden salir al terreno de juego de la vida para servir, perdonar y construir la paz.
“Ánimo. Jesucristo es nuestro capitán, el Espíritu Santo nos fortalece y María Santísima nos acompaña”, concluyó monseñor Ramón Castro Castro.










