En una homilía cargada de fuerza espiritual y mensaje social, el vicario de la Diócesis de Cuernavaca, Tomás Toral Nájera, encabezó este domingo 26 de abril la celebración dominical en representación del obispo monseñor Ramón Castro Castro, desde donde hizo un llamado contundente a reconstruir la vida comunitaria desde el amor, la obediencia a Dios y el cuidado mutuo.
Frente a una sociedad marcada por la violencia, la incertidumbre y la pérdida de confianza, el mensaje de la Iglesia fue claro: no basta con decirse creyente; hay que actuar como verdaderos pastores, proteger a los más vulnerables y dejar de vivir en la indiferencia.
Durante la explicación del Evangelio, el vicario retomó la imagen de Jesús como el Buen Pastor, destacando que Cristo no entra para arrebatar, dividir o destruir, sino para guiar, reunir y dar vida. En contraste, advirtió sobre quienes actúan como “ladrones”, aquellos que se aprovechan, dañan o conducen a la comunidad por caminos de egoísmo, abuso o abandono.
Toral Nájera subrayó que escuchar la voz de Dios implica obedecer, no solamente oír. La fe, dijo en esencia, exige caminar bajo la voluntad del Pastor, asumir responsabilidades y reconocer que cada persona tiene una misión dentro de la sociedad: cuidar, conducir, proteger y acompañar.
Uno de los mensajes más sensibles fue dirigido a las familias y a la niñez. El vicario pidió que las niñas y los niños se sientan amados, educados con compasión y protegidos por quienes están más cerca de ellos. Medios locales retomaron su llamado a que los menores crezcan sabiendo que alguien los cuida, y a que quienes tienen la responsabilidad de conducir a otros lo hagan con amor.
La homilía también fue leída como un llamado contra la descomposición social. Desde la Catedral de Cuernavaca, el mensaje apuntó a una “pastoral del cuidado”, entendida como una respuesta de la Iglesia frente a los tiempos de violencia, angustia y división que vive la comunidad.
En ese sentido, el vicario recordó que el Buen Pastor no abandona a sus ovejas: las conoce, las llama, las conduce y las protege. Por ello, pidió que padres de familia, autoridades, líderes sociales y fieles revisen si realmente están guiando con responsabilidad o si han permitido que la indiferencia gane terreno.
La Diócesis de Cuernavaca elevó así un mensaje que no se quedó solamente en lo religioso, sino que tocó el corazón de la vida pública: Morelos necesita menos indiferencia y más cuidado; menos egoísmo y más compasión; menos ruido y más obediencia a la voz de Dios.
La homilía dominical cerró como una advertencia y una esperanza: en tiempos difíciles, la sociedad no puede caminar dispersa; necesita reconocer la voz del Buen Pastor, volver al amor y aprender, de una vez por todas, a cuidar y dejarse cuidar.









