Cuernavaca, Morelos. El Salón de Plenos del Congreso del Estado se vistió de solemnidad para recordar uno de los capítulos más importantes de la historia nacional. La develación de la inscripción “04 de octubre de 1855, Cuernavaca Capital de la República Mexicana” en el Muro de Honor devolvió por unos momentos a la ciudad el orgullo de haber sido el escenario donde comenzó a construirse el México liberal.
Las Letras de Oro no son solamente metal sobre un muro. Son memoria viva de una Cuernavaca que recibió a los Poderes de la Unión, donde juró el general Juan N. Álvarez, donde Benito Juárez, Melchor Ocampo, Ignacio Comonfort y Guillermo Prieto impulsaron las bases de las grandes reformas que transformarían al país. Fue una ciudad protagonista, no espectadora, de la historia de México.
La ceremonia reunió a representantes de los tres poderes, legisladores e invitados especiales. El Congreso reivindicó un episodio que durante décadas permaneció poco difundido y que hoy busca recuperar su lugar en la identidad de Morelos.
Sin embargo, fuera del recinto legislativo, la realidad ofrece un contraste inevitable.
Mientras el pasado se cubre de Letras de Oro, el presente sigue acumulando pendientes. La Cuernavaca que alguna vez fue capital de la República enfrenta hoy calles deterioradas, servicios públicos cuestionados, problemas de movilidad, inseguridad y un visible desgaste urbano que forma parte de la conversación cotidiana de muchos ciudadanos.
En ese contexto, el discurso del presidente municipal, José Luis Urióstegui Salgado, sobre estar “a la altura de la historia”, inevitablemente invita al contraste entre la aspiración y la percepción pública de su administración. Sus simpatizantes destacan el saneamiento financiero del municipio y el pago de pasivos heredados; sus críticos sostienen que ese esfuerzo no ha sido suficiente para traducirse en mejoras visibles en distintos aspectos de la ciudad.
La historia demuestra que Cuernavaca fue capaz de sostener el destino de una nación. El reto actual es mucho más cercano: recuperar la confianza de quienes la habitan todos los días.
Las Letras de Oro permanecerán por generaciones como testimonio de un pasado glorioso. El verdadero desafío será que algún día el presente también merezca ser recordado con el mismo orgullo con el que hoy se recuerda aquel octubre de 1855.










